¿Menos válida?

¡Muy buenas!

Cuando la mascarilla todavía era obligatoria en interiores, conocí a una estudiante del colegio donde trabajaba con un nivel mínimo de audición.

Tan mínimo que desde el primer día me pidió por favor que me bajase la mascarilla para poder leerme los labios y, así, entender las respuestas a sus consultas.

No era la primera persona con la que me pasaba, de hecho, conocí también a un trabajador jubilado con una sordera absoluta y, al ser de nacimiento, tampoco hablaba de una forma fluida, por lo que la comunicación con mascarilla era imposible.

La gestión que se ha hecho con este colectivo y las mascarillas daría para escribir varios artículos sobre la empatía y el respeto, pero vamos a dejarlo…

Desde que la conocí, empecé a imaginar lo que puede suponer para una persona como ella que todos llevemos la boca tapada, eso de no poder comunicarse con nadie tuvo que ser muy duro cuando era obligatorio llevar la mascarilla en todo momento… me ponía en su lugar y empezaba a sudar del agobio.

Me apetecía escribir sobre ella porque es uno de esos casos que ves en la calle o en el trabajo y te impactan.

Y, yo personalmente, me sentí muy identificado, creo que todas las personas con problemas similares sentimos un «algo» cada vez que vemos casos parecidos a los nuestros.

Me vi reflejado desde el primer momento pero más aún cuando me habló de la nula empatía de mucha gente y de las dificultades para comunicarse, hablando con ella me quedó aún más claro que no se ha prestado la suficiente atención a un colectivo mucho más grande de lo que pensamos y, si no lo ves o te lo cuenta alguien que lo ha sufrido, ni te enteras de lo mal que lo han pasado.

Al principio pensé que era la madre de algún alumno, pero no, me contó que estudiaba y trabajaba a la vez, es muy motivador ver la fuerza que tienen algunas personas a pesar de tener dificultades añadidas.

Me parecen casos muy motivadores.

Sin embargo, es muy triste y me costó contenerme al ver cómo la miraban otras personas mientras conversábamos porque hablaba muy alto y gesticulaba mucho, miradas como si fuera un bicho raro.

Ese tema de las miradas daría también para un buen artículo, desde crío me pasa y no os hacéis una idea de lo incómodo que es y la rabia e impotencia que provoca.

Hay muchísimo trabajo que hacer en temas de educación, respeto y empatía, no me cabe duda.

Sigo y seguiré pensando que tratarnos de «Menos válidos» es insultarnos a la cara y un error garrafal.

¡Un abrazo!

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Autor: Aitor Peirani Gonzalez

Me llamo Aitor, tengo 28 años y una vida bastante diferente a la mayoría de las personas de mi edad, en mi Blog hablo de mis experiencias personales desde el punto de vista de una persona con diversidad funcional secuela de un tumor cerebral en 2005. Todos los textos son míos, con ellos busco motivar, animar y transmitir energía positiva a todo lector que llegue a él.

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