¡Muy buenas!
Todo esto de tener que organizarme y que me falte tiempo para hacer todo lo que quiero… entiendo, en cierto modo, que a mucha gente no le guste y crea que debería descansar más, frenar un poco.
He tenido con varias personas una conversación sobre un tema en concreto, creo que entenderéis y podréis comprender por qué quiero hacer tantas cosas como pueda.
Mi historia ya os la sabéis (Y, si no, tenéis un artículo en el blog), pero me centraré en los detalles más destacados para que podáis entenderme.
Hasta mi adolescencia no supe concretamente qué fue lo que tuve y por qué tenía tantas cicatrices en la cabeza.
Con los años fui sabiendo detalles que me hicieron verme como una persona con MUCHA suerte, aunque parezca irónico.
Quiero hacer muchas cosas porque me libré en 2005 de algo que “supuestamente” era un punto y final.
En 2006 «el bicho» volvió, fue peor en todos los aspectos y, a finales de 2013 y principios del 2014 se me volvieron a torcer las cosas con las válvulas que llevo en la cabeza.
Una importante operación me dejó dos largos años sin una autonomía propia y, por lo tanto, sin poder estudiar, trabajar, salir a gusto con amigos…
Gracias, precisamente, a no parar quieto, a exigirme y que me exijan más y más, hoy hago cosas que no estaban ni en mi mente ni en la de mis médicos.
En la última consulta con mi neurocirujano (Recién jubilado) nos dijo una frase que se me quedó grabada:
- “Eres uno de los tres casos que todavía me quitan el sueño” – Refiriéndose a la complejidad de mi caso.
Tener una vida tan volátil y tener tan presentes todos los años anteriores hace que no quiera parar, que quiera romper todas las barreras que me pusieron los médicos o yo mismo.
No tengo ninguna obsesión con este tema pero sí que he dado un giro en lo que a mentalidad se refiere, en mi adolescencia no hice ciertas cosas por miedo, era incapaz de hacer cualquier plan fuera de mi zona de confort, entre otros motivos… la mente me paralizó.
Las miradas de la gente al verme caminar me frenaban, no estaba a gusto ni en mi propio barrio, ahora me da igual que me miren, me siento orgulloso de lo que he conseguido.
Soy un caso que no estaba ni está escrito, no saben cómo va a evolucionar y, por lo tanto, tengo una vida de total incertidumbre.
He aprendido a asimilarlo y a asumir que, literalmente, la vida son dos días.
DISFRUTO, VIVO.
¡Un abrazo!

