¡Muy buenas!
Llevaba tiempo queriendo escribir uno de esos artículos en los que hablo de mis sensaciones desde, como digo en la presentación del blog, el punto de vista de una persona con diversidad funcional.
Hay una pregunta típica en verano:
¿Prefieres la playa o la piscina?
El otro día, mientras nadaba, se me ocurrió escribir este artículo porque cada año que pasa me gusta menos ir a la playa y más ir a la piscina.
Caminar por un terreno llano, como puede ser una acera, me exige mucha concentración y atención en cada paso.
Por lo tanto, ir a la playa me resulta realmente agotador a nivel mental por la base sobre la que debo caminar.
Hace bastante tiempo escribí sobre la arena y la sensación que me produce caminar sobre ella, para cualquiera resulta más complicado que hacerlo por la calle pero, en mi caso, esa dificultad se multiplica aún más porque, simplemente al pisar el firme, el pie se hunde.
He tardado mucho tiempo y le he dedicado muchísimo esfuerzo mental y físico a volver a caminar solo, recuperar mi independencia fue muy duro y la playa me la quita porque dependo de alguien para moverme con una mínima tranquilidad.
En cambio, la piscina, hace que me olvide de la «Discapacidad», en el agua me siento como cualquier otra persona y no dependo de nadie para nada, a nivel mental es una verdadera maravilla y, en lo que al físico se refiere, casi ni me entero.
La playa y todo lo relacionado con el mar me gusta y me relaja pero visto desde fuera, entrar y pisar la arena me hace retroceder en el tiempo y recordar una muy mala época de mi vida.
Es un amor-odio o algo así.
¡Un abrazo!

