¡Muy buenas!
Suelo intentar escribir textos más cortos para hacerlos más amenos, pero en este caso he escrito un texto más largo porque resumir algo así me resultaba muy complicado.
El verano es esa época del año en la que solemos aprovechar para desconectar de la presión del trabajo, los estudios… Para salir de la rutina o, al menos, cambiarla un poco.
Hay gente a la que no le gusta salir de su zona de confort pero, este año, me he dado cuenta de lo importante que es despejar la mente y cambiar de aires aunque sea un par de semanas. Seré sincero, no he disfrutado el verano todo lo que me hubiera gustado, tanta presión soportada durante dos años me dejó la espalda hecha polvo y unos vértigos que no me han permitido hacer una vida normal estas vacaciones.
Aún así, después de cinco largos años, me encontraba mentalmente fuerte como para volver a una pequeña urbanización de un pueblo de Almería, en Andalucia, al que íbamos desde el 2001. Era yo el que no tenía ganas de ir y aita y ama estaban esperando a que les dijera para volver.
2013 fue el último año que estuve por esas tierras, un verano en el que notaba que algo no iba bien y, de hecho, un mes después empecé otra vez con problemas médicos y operaciones.
Las cosas se complicaron bastante y mi cabeza no tenía ganas de volver porque sabía que no iba a disfrutar, sabía cuántas cosas hacíamos durante la mañana, la tarde y la noche y que no iba a estar en condiciones.
Hasta este verano de 2019 en el que, a pesar de no estar como me gustaría por lo vértigos que he comentado antes, me encontraba mentalmente fuerte, tenía GANAS de ir para DISFRUTAR de ese clima, esos pueblos y, sobre todo, de la cantidad de gente que conocemos por aquella zona.
Allí tenemos muy buenos amigos a los que echábamos mucho de menos, los tres hemos estado varios días con reencuentros y viendo a gente que no veíamos desde la última vez que fuimos.
Hacía tanto tiempo que no veraneaba por allí que he alucinado con quienes eran unos críos en 2013 y ahora tienen 15 o 20 años.
Las que eran las pequeñas, Isa Pérez, Esther, Isa Martos, María, Claudia… ahora de pequeñas no tienen nada, el pequeñajo con el que jugábamos en la piscina, Carlos, ya no es ningún pequeñajo, ahora hay otros bebés como Carmen que hacen más divertidos los baños en la piscina.
Imposible no nombrar a los amigos que hice en la urbanización la primera vez que fui, Antonio, Clemente, Rodrigo, Jose… En más de una ocasión hemos recordado aquella época en la que nos pasábamos horas jugando al Mario Kart entre nosotros o echando carreras con los patinetes alrededor de la piscina, era nuestro circuito.
Nuevas generaciones como la hija de Marina, Daniela, de poco más de un mes y muchos más que me dejaré por nombrar porque ya he perdido la cuenta de la cantidad de gente que he vuelto a ver, en cinco años pasan muchas cosas y a la vista está.
También he conocido gente nueva como a Carmen, Lidia, Bárbara… Cada año que iba conocía a alguien y este año no podía ser menos.
Y, por supuesto, hemos vuelto a ver a toda la gente de la edad de mis padres que me conocen desde que era un crío. Silvestre y Marisol, Juan Antonio e Isabel… Toda la gente que me ha visto crecer, todos los padres, tíos o hermanos de los amigos con los que he pasado tantas horas.
Es curioso cómo en una urbanización tan pequeña podemos tener tanta gente a la que apreciamos y nos aprecia, personas maravillosas que merece la pena conservar a pesar de vernos tan de vez en cuando.
Siempre he pensado que hay gente fantástica y, este año, si aún tenía alguna duda, la he resuelto por completo.
¡Un abrazo!


Me encanta Aitor, felicitaciones ❤️
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Me alegro mucho Aitor que hayas disfrutado del verano.Besos
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