Nada como verse bien uno mismo

¡Muy buenas!

¿No os ha pasado que os mandan hacer algo u os proponen un plan para el que no os veis en condiciones?

Me ha pasado varias veces, me proponen algo y, por el motivo que sea… No me veo, en este caso me pasó con lo que me dijo un médico hace tiempo, que tenía que caminar mucho.

No hay nada mejor que verse bien uno mismo, en todos los aspectos, a veces por mucho que otras personas nos digan lo bien que nos vendría hacer algo… Si nosotros mismos no nos vemos en condiciones acabamos por no hacerlo.

En mi caso, uno de mis médicos me dijo que tenía que caminar bastante y no lo hacía porque veía que no me beneficiaba sino al contrario.

He tardado tiempo en coger los cascos, ponerme música y meterme pequeñas caminatas simplemente porque yo mismo no me veía en condiciones, muchas veces es solo eso lo que nos separa de hacer diferentes actividades, vernos bien nosotros mismos o vernos con ganas.

Mi vida me ha enseñado a buscarme mis atajos o mis facilidades para hacer una u otra cosa. Después de mucho tiempo he empezado a andar 3 – 4 kilómetros por la zona de la ría de Bilbao, cuando me he visto bien tanto física como psicológicamente.

Empecé haciendo una ruta y he ido cambiándola estos días hasta ver cuál era la más adecuada para llegar al objetivo que, de momento, me he fijado. Es curioso cómo lo psicológico influye en mí y en mi forma de caminar, a decir verdad en mí se multiplica todo en cuanto a la marcha en la calle se refiere.

Mi sensación al caminar mientras observo una de las zonas más bonitas de Bilbao es alucinante, la combinación del buen tiempo en verano, unas bonitas vistas y el gran detalle de verme bien no tienen precio.

Hace un tiempo, en otra publicación, os hablé sobre mis sensaciones al caminar, cuando voy a caminar lo hago con música, detalle que me exige mucha más concentración, camino a un paso algo más rápido y durante una distancia que, teniendo en cuenta que debo pensar cada paso que doy y cómo lo doy, fijarme dónde piso y mirar al frente para ver a la gente y esquivarla si hace falta… Todo esto supone un esfuerzo enorme.

Ya no solo me canso físicamente, en lo psicológico acabo agotado simplemente por tener que ir pendiente de tantas cosas.

Por supuesto que podría ir sin música, por un suelo o una ruta más llana y a una hora que no hubiera gente, pero no es eso lo que quiero, llevo más de media vida con retos y exigiéndome cada día un poquito más, de eso trata mi vida.

¡Un abrazo!

La suerte de caminar

¡Muy buenas!

Hay gente que tiene la suerte de caminar, sí, suerte, visto lo visto a nuestro alrededor tener esa capacidad y hacerlo sin dificultad es una suerte enorme, hoy escribiré sobre ello.

Esta vez me ha quedado un artículo bastante extenso, cada fase de las que hablo a continuación dan para mucho, muchísimo, puede que escriba sobre ellas con más detalle en próximas publicaciones.

Después de aquellos 2005 y 2006 estuve unos años sin problemas mayores, unos años «tranquilos» hasta que las cosas se volvieron a torcer.

Recuerdo cómo a finales del año 2013 y principios del 2014 mi forma de caminar dio un giro inesperado, totalmente inesperado incluso para mis médicos. A decir verdad, a día de hoy, sigo alucinando con pequeños detalles, pequeñas cosas que hago y que antes del 2013 no podía hacer por problemas médicos complejos.

Con aquella etapa volví a saber lo que era pasar tiempo entre hospitales, entre una operación y otra el tiempo se me hacía eterno y cada día me parecía interminable. Cuando todo pasó y se estabilizó, empezaron dos larguísimos años de necesitar a alguien a mi lado para poder caminar, tuve que interrumpir los estudios para dedicarme exclusivamente a recuperar mi autonomía y mi fuerza física.

Siempre pongo el mismo ejemplo cuando hablo de ésto, aquellos años fui como un niño pequeño que empieza a caminar. Estando bastante tiempo en rehabilitación pasé por muchas etapas y mi fisioterapeuta me iba dando diferentes ejercicios para hacer en casa y fuera de ella. El primero y más duro fue tener que salir a la calle agarrado del brazo de alguien, esa necesidad física y psicológica era realmente difícil de asumir.

Meses después, varios meses, fui subiendo el nivel de exigencia. Pasar de caminar agarrado a hacerlo sin la necesidad de una sujeción fue de los mayores logros que he conseguido, tanto física como psicológicamente suponía un esfuerzo inimaginable, creedme.

Primero empecé a caminar solo en el garaje, «solo» me refiero a que no me agarraba a aita, mi padre, ese paso fue enorme porque era un sitio amplio y en su momento me imponía mucho, allí no había ninguna irregularidad en el terreno y nadie que me miraba como las vacas al tren, ese es otro tema que daría para escribir otro u otros dos artículos…

Fueron avanzando las semanas e iba viéndome más y más seguro, un día le dije a mi aita que quería probar a caminar por otro sitio, algo más complicado pero a la vez no en exceso para no agobiarme. Al día siguiente fuimos a un parque con un suelo más irregular y un volumen bajo de gente para así probar otro nivel de exigencia más elevado.

Cuando camino noto cada desnivel y me influye mucho, cosas que la gente no nota yo sí lo hago, si me canso tanto al caminar es porque tengo que ir pendiente de todo lo que me rodea y pensado cada paso que doy.

Al ver que caminar por aquel parque sin agarrarme lo tenía superado volví a querer probar algo más exigente, caminar por mi barrio sin agarrarme pero con alguien a mi lado, hasta un tiempo más tarde fui incapaz de ir completamente solo. El motivo de necesitar a alguien a mi lado era todo psicológico, me daba una enorme tranquilidad, muchas veces lo psicológico es peor que lo físico.

Todos conocemos bien la zona en la que vivimos, yo conozco cada desnivel de mi barrio que me influye al caminar, por lo tanto, más adelante cambiamos un poco la zona para ponerme las cosas más difíciles.

Sí, aún seguía habiendo muchos niveles de exigencia superiores, entre ellos estaba algo tan simple como montar en el metro, si os paráis a pensarlo es una base lisa pero en movimiento, por lo tanto, cualquiera puede notar que el equilibrio es indispensable.

Un tiempo después, llegando el verano, me propuse algo que hasta la fecha iba a ser lo más exigente psicológicamente hablando, «simplemente» salir yo solo a por una barra de pan era un reto inmenso. El detalle de salir solo, sin nadie a mi lado, era de por sí un avance enorme, pero sumándole el detalle de que lo hiciera por un barrio donde hay bastante gente y diferentes irregularidades en el terreno… Simplemente os diré que fue increíble, aquel día me hice hasta una foto con la barra de pan a modo de recuerdo de un nuevo comienzo.

Si no recuerdo mal, a partir de entonces empecé a hacer una vida bastante normal, pero quería seguir poniéndome retos y sumando dificultades como, por ejemplo, el terreno sobre el que caminar. Cuanto más irregular más complicado así que pensamos en el monte, la hierba, los caminos… Dicho y hecho, nos fuimos a una zona tranquila y con más o con menos dificultad lo conseguí.

Volví a pensar en otras cosas más complicadas, por aquel entonces estaba en rehabilitación y por lo tanto no podía ir a un centro de estudios como lo hacía antes y lo hago ahora, así que tenía demasiado tiempo para pensar.

El último y más complejo ejercicio que me propuso mi fisio fue ir a un lugar al que llevaba años sin ir, la playa.

Todos sabéis que cuando pisáis la arena seca el pie se hunde, cada paso que damos es totalmente diferente en comparación con un paseo por una zona asfaltada. Intentad imaginaros mi sensación cuando volví a una playa, intentadlo.

Imposible, creedme, por suerte o por desgracia es imposible.

Os seré sincero, al principio la sensación fue horrible, sobretodo teniendo ya una autonomía en la calle sentía que había retrocedido un montón, poco a poco y con mucho esfuerzo fui adaptándome a ello, esa misma mañana llegué incluso a DISFRUTAR del paseo.

Cómo he dicho al principio, cada fase daría para contaros muchos detalles más, finalizo con un consejo:

Disfrutad la vida y pelead por ella, solo tenemos una.

¡Un abrazo!

Tatuado y en mente

¡Muy buenas!

En la publicación anterior, la del 20 de mayo, hablé de la placa que llevo al cuello e hice mención de mi tatuaje, hoy os hablaré de él.

Llevo tiempo escribiendo en mi blog y el otro día me di cuenta de que no había escrito sobre una de las cosas más personales que me acompaña las 24 horas del día y los 365 días del año, me parece rarísimo que sea hoy cuando os hable de algo tan personal y significativo como es el tatuaje que llevo en la muñeca derecha.

Quienes lo conocéis por otras fotos más antiguas de mis redes sociales o por vérmelo en persona, sabréis que éste es el primero que me hice, únicamente la frase. Un tiempo después lo quise complementar y os hablaré de ello más adelante.

Recuerdo que me gustó la frase «Live strong» que se hizo famosa por las pulseras amarillas que sacó la fundación Lance Armstrong en 2004, fueron bastante conocidas en su momento y siempre tenía en mente esa frase, el significado que tuvo cuando se comercializaron las pulseras y que tiene para mí es enorme. «Vive fuerte», quise tener esa breve frase en un sitio visible a diario y en todo momento para que no se me borrara jamás ni de la piel ni de la mente.

Levantarme y verlo nada más abrir los ojos, para tenerlo presente cada vez que me mirara la mano derecha.

Hablándolo una mañana con mi aita me sugirió que, de hacérmelo, me tatuara la frase en euskera, la verdad es que no se me había ocurrido y me encantó la idea, «Indartsu bizi», poco después hablé con mi prima para que me aconsejara sobre un sitio de confianza, contactó con su tatuador y días después me fui con ella a plasmar esa frase en mi cuerpo.

Elegí la muñeca derecha porque era un sitio visible para mí, hubo quienes me dijeron que me aburriría de verlo a diario, también me dijeron que por qué quise el texto orientado hacia mí. El significado de la frase era para verlo y leerlo yo.

Cuando era pequeño siempre decía que no me iba a hacer nunca un tatuaje, que no me gustaban, con los años y las vivencias quise algo simbólico y que a la vez me diera ese empujoncito cada mañana al mirarme la muñeca derecha. Creo que lo conseguí, sin duda.

Como curiosidad os diré que siempre recordaré el día en que me lo hice, una vez terminado el tatuaje fui con mi prima a desayunar y en ese momento Juan Carlos I anunció su abdicación, el 2 de junio de 2014.

¡Un abrazo!

Grabado y al cuello

¡Muy buenas!

¿Habéis tenido o tenéis algún objeto que siempre queréis llevar encima porque tiene un significado especial?

Mucha gente tiene algo que le recuerda a una persona, un momento o a una época concreta de su vida que le marcó por algún motivo, por ejemplo una camiseta, un pendiente, una pulsera, un tatuaje…

Yo soy uno de ellos, entre otras cosas, tengo un tatuaje muy simbólico y con mucha historia detrás, os hablaré de él otro día. En este caso y como habréis podido intuir por la foto que acompaña a la publicación, os hablaré de la placa grabada que llevo al cuello con la frase que yo mismo elegí.

«INDARTSU BIZI», (vive fuerte en euskera).

La verdad es que llevaba tiempo queriendo una, me parecía algo bonito, hace un par de años más o menos cuando lo estaba comentando con mi tío, me habló de una tienda en la que vendían este tipo de placas con su grabado incluido, si no me equivoco una semana después quedé con él y fuimos a por ella.

Él quiso regalármela como detalle y, si ya de por sí esa placa tiene un valor especial por el simple motivo de hacérmela, con ese detalle aún más. Recuerdo ponérmela aquel día y no quitármela más que para hacerme alguna prueba médica, siempre va conmigo y, al igual que el tatuaje, me recuerda por y para lo que peleo.

Sé que para algunos sonará absurdo y os parecerá una chorrada, pero a mí hay pequeñas cosas que me dan una fuerza increíble, soy de los que a veces ve mucho más importante un pequeño detalle antes que algo caro e inmenso.

Otro de los detalles que noto en mí al ponerme la placa o al verme el tatuaje es un pequeño chute de energía, os lo aseguro, ser capaz de verle el lado positivo a las cosas y de sacar fuerzas simplemente con cosas pequeñas es impresionante.

Como he dicho al principio, todos tenemos o hemos tenido algún objeto especial con su significado, creo firmemente que ayuda y motiva, en mi caso al menos es así.

¡Un abrazo!

Simbólico y especial

¡Muy buenas!

Bastante gente me ha hecho una pregunta totalmente lógica al ver esos cordones en solo en una de mis zapatillas.

¿Por qué solo los llevas en la zapatilla izquierda?

Habrá gente que me haya visto por la calle y habrá pensado que soy un notas, pasando por alto que puede haber un significado detrás, algo simbólico para la persona que lo lleva.

La mayoría no sabe ni de dónde han salido esos cordones ni de para qué será destinado el dinero que costaron.

Esos cordones son parte de una serie de cosas que se vendieron con la intención de recaudar dinero para la investigación del cáncer infantil, algo que, como sabéis, me pilla muy de cerca.

Volviendo a la pregunta, ¿Por qué en la izquierda?, pues simplemente quise hacer de esos cordones algo aún más simbólicos e importantes de lo que ya me parecen, a raíz de todo lo que me ha pasado me quedó una especie de cojera en la pierna izquierda y pensé en ponerlos solo en la zapatilla que la soporta cada día.

Hago y llevo cosas que tienen un significado especial para mí, ya sea por una cosa u otra creo que mucha gente lo hace, hay quien lleva un pendiente, un tatuaje, una pulsera… en recuerdo a alguien o a un momento concreto, en mi vida hay infinidad de cosas que me traen recuerdos, muchos y grandes recuerdos.

En otras publicaciones hablo de todo lo que he ido consiguiendo estos últimos años, todo lo que veía imposible y al final superé con éxito, a ese tipo de recuerdos me refiero.

En mi vida hay cosas que hago por algún motivo en especial, eso sí, la mayoría de cosas simbólicas tienen que ver con lo mismo.

¡Un abrazo!

Día mundial contra el cáncer infantil 15/02

El año pasado, este mismo día, subí esta foto, era la segunda vez que me pasaba meses en el hospital, meses muy duros en los que ni siquiera sabía lo que pasaba y mucho menos la gravedad de la situación.

Febrero es un mes con tres fechas muy marcadas en mi calendario, los días 4, 15 y 23 son fechas que me hacen reflexionar aún más sobre mi vida.

Todo el mundo se acuerda de que ayer fue San Valentín pero muy pocos recuerdan qué día es hoy.

En esa foto era el primer día, después de muchos, que me vestía de calle, con algo más que un pijama o el típico camisón de hospital.

Ésta y todas las fotos de aquel 2005 y 2006 son un tesoro.

Día y vida de recuerdos muy duros, copiaré algo que escribí el año pasado y que sigo y seguiré pensando:

«Cada día del año pero hoy en especial, este mes en especial, me gustaría darme una vuelta por los hospitales para hablar y animar a todos esos enanos y enanas que, estando en una situación realmente complicada, muestran más fuerza para salir adelante que muchos adultos, muchos niñatos y niñatas de 15, 20, 25 años o incluso más, sí, niñatos y niñatas.»

Día mundial contra el cáncer 04/02

Una año más llega un día especial, un día que marca de por vida no solo a pacientes, sino también a familias enteras y amigos de quienes padecen un cáncer.

Hablando mal, esta puta enfermedad nos pone a prueba a demasiada gente cada año, a críos como el de esa misma foto, yo con 9 años, adolescentes, adultos… Por desgracia hoy es un día en el que muchos miramos atrás o no tan atrás, muchos tenemos una etapa muy difícil que recordamos perfectamente y será imposible olvidar.

Recuerdo perfectamente cada etapa y es duro, muy duro, podría escribir muchísimo con todo lo que esto me ha enseñado y creo que me seguirá enseñando.

Pequeños grandes detalles

¡Muy buenas!

El pasado 19 de noviembre publiqué un texto sobre otra experiencia más, una muy especial y gratificante, las prácticas del grado en Gorabide, una asociación de ayuda a personas con discapacidad intelectual, el artículo que traigo hoy guarda una gran relación con aquel.

Quienes habéis ido leyendo otros artículos de mi Blog desde que me lo creé ya sabéis de qué va, dedico este espacio a transformar lo que tengo almacenado en la cabeza en textos breves y amenos.

Hay cosas simples que tienen un gran significado para mí, cosas que tienen una historia que me gusta recordar, ya sea en la mente, en fotos o en textos.

Creo que prácticamente todo lector de mi blog sabe que tengo una forma de ver y vivir las cosas bastante diferente a la mayoría, le doy mucha importancia a detalles los cuales hubiera pasado totalmente por alto en otra vida.

Es alucinante lo que dio ese periodo de prácticas en una asociación que solo me sonaba de oídas.

Esta pulsera no me la hizo ninguna «subnormal», «minusválida» o «loca» como he llegado a escuchar, me la hizo, ante todo, una PERSONA, una más de nosotros.

Recuerdo como si fuera ayer la concentración con la que la estuvo haciendo y su ilusión al verla terminada.

Se me quedó grabada también la emoción en los ojos de aquella mujer al ponerme la pulsera y ver mi expresión, cuando hablo de pequeñas pero a la vez grandes cosas me refiero a esto.

Valoro los detalles, muchísimo, este tipo de cosas me llenan.

Lo mío va de experiencias, siempre lo digo.

¡Un abrazo!

Libertad

¡Muy buenas!

Llevaba tiempo queriendo escribir algo sobre otra de las muchas cosas buenas que he conseguido sacar de una vida… diferente.

Supongo que este mes y pico que he estado en casa haciendo reposo me ha ayudado a retomar y publicar este nuevo artículo sobre una de las mejores sensaciones que puedo tener, la sensación de libertad.

Muchas veces tener una vida complicada solo hace que veamos lo malo, omitiendo por completo las cosas buenas.

Tardé años en hacer eso último, omitir las cosas malas era algo imposible para mí hasta que tuve una razón de peso, una razón que me hizo cambiar el «chip» y la mentalidad, así como la edad, desarrollar algo de madurez me vino estupendamente.

En mi caso y con los años, entre otras cosas, aprendí a disfrutar de una manera especial ciertos momentos.

Momentos como pasar de estar prácticamente encerrado en un hospital o en mi propia casa a verme otra vez en la calle, el monte, la playa… y sentir que soy prácticamente libre.

Libre de las ataduras que suponen hacer un reposo de un tipo u otro, de una mala racha o de lo que toque en cada momento.

Una vez que todo pasa, esa sensación de agobio, impotencia y aburrimiento por no poder hacer nada pasa a ser de calma, tranquilidad, autonomía para ir a un sitio u otro y, finalmente, eso de sentir la capacidad para hacer una vida prácticamente normal… es algo que no tiene precio.

Vivir disfrutando las pequeñas cosas como si fueran enormes es de lo mejor que he conseguido en estos últimos años, dicen que la vida son dos días, viviré como si así fuera.

Las pequeñas cosas con gran impacto personal son de lo mejor, os recomiendo hacer el esfuerzo, merece la pena.

¡Un abrazo!

¡Qué gratificante es ayudar! Más experiencias, Gorabide.

¡Muy buenas!

En mi vida hay muchas cosas que me llenan, que me hacen sentir bien y me satisfacen emocional y psicológicamente.

Una de esas cosas es, sin duda, ayudar a la gente, todos agradecemos que nos echen una mano en un mal momento o para hacernos la vida más fácil y amena.

Recuerdo el día y el momento en el que hicimos esta foto y también cómo me sentía los primeros diez minutos al contactar con ellos en el centro al que acuden cada mañana, nada que ver, tardé esos diez minutos en dejar a un lado lo que sentía emocionalmente y comencé a ayudar, a conocerles y a intentar sacar el mayor número de sonrisas posibles, no os imagináis cómo me sentía a medida que pasaban las horas, indescriptible.

Tener una discapacidad te cambia la vida y el punto de vista frente a muchísimas cosas, eso es innegable.

Saber que yo podría tener bastantes más problemas de los que tengo hace que vea a toda esta gente desde otro punto de vista, desde el de un chico con mucha suerte, sí, mucha suerte.

Cuando me dijeron que iba a hacer las prácticas del grado en una asociación de ayuda a personas con discapacidad intelectual me emocioné, lo reconozco, llevo ya mucho tiempo queriendo dar lo mejor de mí a quienes más lo necesitan y con quienes tengo una empatía especial, llevaba años pensando en meterme de lleno en este mundillo y en el de asociaciones contra el cáncer o de ayuda a quienes lo padecen.

Todo lo que sea animar e impulsar a salir de los problemas que se nos presentan.

Me acuerdo perfectamente del primer día de prácticas en la oficina, trabajando con datos muy duros, cada perfil me hacía reflexionar un montón, sobretodo los de gente de mi edad o niños pequeños.

A medida que avanzaba esa primera semana llegaba a la conclusión de que yo no iba a poder hacer desaparecer todos los problemas de estas personas, pero sí podía hacerles las cosas más fáciles y sacarles una sonrisa cada vez que pasaban por la oficina.

Tengo grabada en la cabeza la expresión de los más pequeños al darles una de las galletas que teníamos para las visitas de los más pequeños, transmitía verdadera felicidad a pesar de todo, me encantaba y emocionaba.

La foto es del día que fuimos a disfrutar de una mañana con ellos por Bilbao, en este caso con gente adulta y acompañado de otro monitor, muy diferente al trabajo en la oficina, aquél día me di cuenta de lo gratificante que es hacer algo tan simple como salir en grupo a dar una vuelta un día soleado, hacernos unas fotos y comer algo.

En mi caso esto de ayudar y que te lo agradezcan tanto como ellos… no tiene precio.

Por poneros un ejemplo, cuando volvía en metro con la mujer bajita de mi izquierda, al bajarse en su parada, esperó en el andén a que se cerraran las puertas del metro y me despidió con la mano hasta que me perdió de vista.

Ayudar merece la pena, mucho, hacedlo.

¡Un abrazo!

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